14/02/2021

La Forestal

100 años y la lucha continúa…

La represión que siguió a la gran huelga de la Forestal de hace 100 años dejó miles de desocupados y más de 500 muertos. Sin embargo, esa lucha también dejó al desnudo la explotación sin límites que el poder económico, político y judicial ejercía sobre los y las trabajadoras. Esa lucha sigue vigente hoy, cuando aún debatimos el valor del pan en nuestra mesa.

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Foto: 
La Izquierda Diario

La Forestal fue la gran empresa del quebracho colorado en la Argentina. Dueña de más de 2 millones de hectáreas, entre el norte de Santa Fe y sur del Chaco. Cortó, industrializó y exportó miles de toneladas de quebracho y tanino al exterior, pagando miserias al estado nacional, los estados provinciales. Deforestando campos y explotando trabajadores se instituyó esta empresa de capital británico (también alemanes y franceses), que llegó a tener ejército y tren propio. Pero que en algún momento, tanto poder se vio opacado por la lucha del movimiento obrero organizado.

La lógica era fácil, mucha ganancia y poca inversión. Se pagaba con moneda de la empresa que solo podía ser usada en las proveedurías de la misma, donde sus dueños ponían el precio que querían al producto, generando deudas usurarías con los trabajadores y sus familias. Tenían ciudades propias con distintas funciones, las que eran donde se extraía el tanino y las que eran para quienes cortaban el quebracho. En estas últimas, la precariedad era notable, porque su utilidad duraba lo que se talaba el monte de quebracho. Casi un modelo feudal, donde la explotación se sostenía lo que duraba la utilidad de la tierra, cuando ya no había que hachar, la ciudad se dejaba y los trabajadores y sus familias seguían a la empresa o se quedaban sin nada. 

El Estado no regulaba a la empresa  y le daba todas las facilidades por ella pedidas. La idea de libre mercado estaba reflejada en la acción de La Forestal y en la no acción del estado provincial y el nacional. Con la llegada del radicalismo al gobierno nacional y provincial, se pensó que la situación podía cambiar. Esto habilitó a la formación del primer sindicato de la empresa reconocido, hubo intentos anteriores pero fueron eliminados, y con un dirigente que lograba contener a sindicalistas y anarquistas, Teófilo Lafuente. Los primeros trabajadores de este monstruo explotador (de tierras y de hombres) fueron los indígenas esclavizados después de la campaña al desierto en el territorio chaqueño y formoseño. Pero estos obreros baratos no duraron mucho en las jornadas de sol a sol, por lo tanto se buscó nuevos trabajadores inmigrantes que llegaban al territorio o de los hacheros criollos que, a la falta de trabajo, aceptaban las condiciones que imponía la empresa. Lafuente creó el sindicato y encabezó las huelgas que en un primer momento fueron avaladas por el gobierno nacional pero que después generaron  problemas en el gobierno provincial, que no quería enfrentar a la principal empresa de la provincia, que no daba nada a la provincia, más que deudas al estado y coimas a los funcionarios. Entre 1919 y 1921 muchas fueron las huelgas pero la política de cierre de establecimientos y ciudades (que traían hambre y desocupación), llevó a la gran huelga del 29 de enero de 1921. Esta última etapa se inició con el intento de toma de los pueblos de Villa Ana y Villa Guillermina, donde se habían producido cientos de despidos en el año anterior. Esta acción obrera (la cual demostraba la capacidad de organización del movimiento obrero) fue fuertemente reprimida por la “gendarmería volante”, especie de ejército privado, avalada por el gobierno provincial de Santa Fe del radical Mosca (años después será el candidato por la Unión Democrática en 1946). 

Así como enero fue el mes de la lucha, febrero fue el mes de la represión, los obreros se metieron en la selva del Impenetrable, huyendo de la cacería a la que eran sometidos. Al ser capturados, los obreros y sus familias, eran vejados, torturados y asesinados. Los que sobrevivían, como el caso de Teófilo Lafuente, fueron sometidos a juicios cargados de pruebas y acusaciones falsas, justificando el accionar de la empresa y su pequeño ejército. 

Miles de desocupados, más de 500 muertos, obreros y obreras sin trabajo ahora exiliados. A este Estado privado dentro del territorio de un país, no le salió barata esta acción, los medios periodísticos (tanto socialistas y anarquistas como liberales) dieron cuenta de las acciones de la empresa y la situación en que quedaron miles de trabajadores. Un poco la crisis post Primera Guerra, otro poco la saturación de los quebrachales y mucho la represión, mellaron sobre la empresa y sus intereses, que aún en el poder económico se vio marcada por el estigma de ser una imagen de la doble explotación que vivió el país durante la primera mitad del siglo XX, la económica y la social por parte de los capitales foráneos y sus aliados internos. 

Así como el gobierno de Yrigoyen no pudo sacarse de encima las muertes de la Semana Trágica y la Patagonia Trágica, pudo evitar que la historia solo recordara a la Forestal y su represión y no la complicidad del no hacer, por parte del gobierno nacional. Hoy, que debatimos el valor del pan en nuestra mesa,  el precio de la carne en los supermercados, el rol de la exportadoras de granos, la función de los medios de transporte y los intereses de los medios de comunicación, recordar a quienes lucharon contra esta empresa–estado nos pone en el lugar de entender por qué el capital no solo no tiene sentimientos, tampoco tiene patria ni bandera, solo los intereses que lo mueven para dejar a la tierra sin alma, sin sangre y sin vida. A 100 años de la Huelga de la Forestal, la organización de los trabajadores y trabajadoras no solo es por mejorar nuestras condiciones de vida y trabajo, sino también para evitar la depredación de nuestra tierra y los recursos.

Cafecito