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Inspirados por el verso de José Martí —“Con los pobres de la tierra quiero yo mi suerte echar”—, denunciaron que asumir esa opción no es gratuito: implica enfrentar insultos, desprecios, críticas e incluso persecuciones. En su texto, marcaron con dureza:
El modelo social, político y económico vigente “genera pobres, se desentiende de la vida digna y se sostiene con represión”; señalaron que, como afirmó el Papa Francisco, “este modelo mata”.
La “corrupción”, la “ostentación de impunidad” y el ajuste, comparado con “una motosierra”, perjudican a trabajadores, jubilados y sectores vulnerables, mientras benefician al “capital concentrado”.
Denunciaron la “doble vara judicial” al referirse a Milagro Sala como víctima de prisión política y a la proscripción judicial y mediática de Cristina Fernández de Kirchner, mientras se “blindan” a funcionarios oficialistas.
También alzaron la voz contra el “silencio cómplice” del gobierno ante el genocidio en Gaza y destacaron los males del “genocidio ecológico” por la devastación ambiental causada por el agronegocio, la minería y otras industrias extractivas, que afectan especialmente a campesinos y pueblos originarios.
No todo fue denuncia: valoraron con énfasis la “lucha perseverante de minorías valientes que no temen a la represión”, y reivindicaron la labor de fotoperiodistas y medios alternativos que “ayudan a la honradez con lo real, aún a costa de sus vidas”. También celebraron la aparición de nuevos nietos restituidos, la perseverancia de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, y cuestionaron la retirada del país del Comité de Derechos Humanos de la ONU.
Finalmente, destacaron su convicción de que “otro país es posible”, donde el “amor, la justicia social, la verdad y la esperanza marcan caminos”. Anunciaron además que ya se preparan para conmemorar los 50 años de resistencia frente al terrorismo de Estado, honrando a quienes en la Iglesia dieron testimonio, alejados del silencio cómplice.

