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El proceso de pérdida se profundizó a lo largo de 2024 y continuó durante 2025, en un contexto de alta inflación y ajustes periódicos insuficientes. Aunque se registraron algunas mejoras parciales en determinados meses, la tendencia general se mantuvo negativa, consolidando una baja sostenida del ingreso real.
Como consecuencia, el salario mínimo actual se ubica en niveles históricamente bajos, incluso por debajo de los registrados durante la crisis de 2001, lo que da cuenta de la magnitud del deterioro del poder adquisitivo de los trabajadores de menores ingresos.
El escenario se agrava por el impacto en el mercado laboral, donde también se observa una retracción del empleo formal. La combinación de pérdida de poder adquisitivo y caída en la cantidad de puestos registrados configura un cuadro complejo para los sectores más vulnerables.
En términos históricos, el salario mínimo se encuentra muy lejos de sus valores máximos en términos reales, alcanzados en la década pasada, lo que refleja una tendencia de deterioro acumulado en los ingresos.
El desafío hacia adelante radica en lograr una recomposición sostenida del salario real, en un contexto donde la desaceleración de la inflación aún no logra traducirse en mejoras concretas para los trabajadores.

