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Según el periodista de temas gremiales Mariano Martín, en una nota reciente para el porlal El Destape, señala que la iniciativa cegetista plantea la creación de un régimen diferenciado de primer empleo para jóvenes menores de 30 años, con condiciones más flexibles que las previstas en la Ley de Contrato de Trabajo. El esquema incluiría menos derechos, menor protección social e incluso la eliminación de aportes previsionales durante el período de incorporación. Recién al superar la barrera etaria los ingresantes accederían al régimen laboral pleno.
La apuesta es negociar esta propuesta directamente con el asesor presidencial Santiago Caputo, referente del ala política del oficialismo. De hecho, este miércoles mantuvo una reunión a solas con Gerardo Martínez, jefe de la UOCRA y encargado de la diplomacia sindical de la CGT. El encuentro buscó mantener abierto un canal de diálogo que evite que las decisiones queden exclusivamente en manos de Sturzenegger.
En la central obrera reconocen que su planteo parte de un escenario político adverso, marcado por la derrota electoral del peronismo y la posibilidad de que el Gobierno avance con su propia agenda si logra respaldo legislativo. Aun así, apuestan a que el sector más moderado de la administración Milei busque algún nivel de consenso para impulsar reformas que permitan la formalización de millones de trabajadores hoy por fuera del sistema, sin dinamitar la estructura sindical.
La CGT ya transmitió sus límites infranqueables: la defensa de la ultraactividad de los convenios colectivos, el mantenimiento de las paritarias de carácter nacional y la preservación del régimen actual de jornada, vacaciones e indemnizaciones. La conducción —renovada recientemente con un triunvirato de perfil menos confrontativo— considera que estos pilares no deberían ser objeto de negociación.
El Gobierno, por su parte, sigue sin dar señales claras. Aunque la intención del oficialismo es presentar su paquete de reformas el próximo 9 de diciembre, su contenido permanece difuso y en permanente revisión. En ese marco, crece la incógnita sobre si finalmente prevalecerá la visión “light” que promete Caputo o si las ideas maximalistas de Sturzenegger terminarán imponiéndose con apoyo de los sectores empresariales más duros.
Por ahora, ambas partes se mueven con cautela. La próxima etapa dependerá de la evolución de las conversaciones y de la capacidad del Gobierno para ordenar su estrategia interna en torno a una reforma laboral que se anuncia decisiva.

