El estudio señala además que para no ser considerada indigente, una familia necesitó $674.757, mientras que para ser clasificada como de clase media los ingresos debieron alcanzar los $1.997.377. “Las canastas básicas porteñas volvieron a subir por encima de los precios generales, reflejando el encarecimiento sostenido del costo de vida en los rubros esenciales”, indicó el organismo.
En comparación con septiembre del año pasado, la línea de pobreza aumentó más de $260.000: pasó de $993.854 a $1.255.934, un salto del 26,3%. La línea de indigencia también creció con fuerza, de $545.183 a $674.757, lo que marca un incremento del 23,8% interanual.
El Idecba detalló además los distintos estratos según ingresos: los hogares en situación de indigencia son aquellos que no alcanzan los $674.756 mensuales; los pobres no indigentes tienen entre $674.757 y $1.255.933; los no pobres vulnerables entre $1.255.934 y $1.597.902; y el sector medio frágil llega hasta $1.997.377.
“Cada vez más familias quedan por debajo de la línea de pobreza, incluso aquellas con uno o dos salarios formales”, señalaron desde el Observatorio de la Deuda Social de la UCA, que en informes recientes alertó sobre el deterioro de los ingresos reales y el impacto en el consumo básico.
El aumento de las canastas básicas en la Ciudad se suma a la presión que ya sienten los hogares porteños por los aumentos en transporte, servicios y alimentos. Mientras tanto, los salarios siguen perdiendo terreno: según el último dato del Indec, el salario real del sector privado cayó más de 20% en términos interanuales.
En este contexto, la distancia entre los precios y los ingresos se amplía mes a mes. “La inflación baja, pero la vida sigue cara”, resumió un trabajador gastronómico del barrio de Almagro. “Cada vez alcanza para menos, y llegar a fin de mes se hace imposible”.

