La crisis económica, que se intensificó tras la devaluación de diciembre y el desplome de los salarios reales, ha golpeado duramente al sector. Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), la actividad económica cayó un 3,9% en junio en comparación con el mismo mes del año anterior. Este contexto ha impactado en los hábitos de consumo, con un desplazamiento hacia segundas y terceras marcas, y un abandono de ciertos productos.
Mariano Robles, secretario general del Sindicato Único de Conductores de Motos de la República Argentina (SUCMRA), señaló que la caída de pedidos en las aplicaciones de delivery está entre el 30% y el 40%. "Esta recesión complica muchísimo. Al haber menos pedidos, los chicos tienen que trabajar muchas más horas", explicó. A pesar del esfuerzo, Robles advirtió que los pagos de las aplicaciones "son mucho menores a la inflación", lo que agrava la situación. “En vez de trabajar 8 horas, tenés que laburar 10 o 12, y aún así los viajes generan solo $1.500", agregó.
Pablo, un repartidor de 30 años, coincidió con Robles y expresó: “Cayó mucho la demanda. No es verdad que elegís tus horarios libremente, como dice Milei. Si no trabajás 12 horas, no llegás a fin de mes. Tenemos que estar 12 horas en la calle para sobrevivir". El sindicalista también señaló que, aunque algunos logran generar entre $20.000 y $30.000 al día, esos ingresos se evaporan rápidamente. “Después te lo gastás todo en el almacén en una sola compra”, subrayó.
El mantenimiento de las motos, principal herramienta de trabajo de los repartidores, es otro gran problema. Robles reveló que reparar una moto hoy puede costar entre $200.000 y $300.000, una suma inalcanzable para muchos. “Algunos trabajadores no pueden pagarlo y se ponen a hacer otras cosas. Hacen changas a pie, vendiendo pan casero, por ejemplo”, detalló.
Por su parte, Martín, un repartidor de 42 años, compartió su experiencia personal: “En noviembre ganaba $250.000 trabajando 8 horas diarias. Hoy tengo que trabajar el doble para generar la mitad”.
Esta realidad refleja la profunda crisis que atraviesa el sector, con trabajadores que ven cómo sus ingresos se reducen mientras sus gastos aumentan. Sin una recuperación económica clara a la vista, las largas jornadas de trabajo y los bajos ingresos parecen ser la nueva normalidad para los repartidores de aplicaciones.

